SOL Y SOMBRAS

DANIEL QUINTERO TRUJILLO

 Escritor de Cuentos Cortos.

 

El Profesor había permanecido cuatro décadas cumpliendo sus obligaciones; durante varias horas al día permanecía en diferentes salas de la Universidad, algunas veces preparando clase, otras, en el desarrollo de sus conferencias magistrales.

Durante  ese tiempo, solo conoció el mundo exterior en los breves contactos con la familia en los espacios vacacionales, ya que la institución, era superior a otras obligaciones.

El día que salió jubilado se sintió libre, como aquel ser que recupera su libertad y empezó a deambular por todos los puntos cardinales, sin contar que los avances industriales y los seres humanos habían destruido el planeta, acabando con las vertientes de agua al recibir los tóxicos de las minas, así como la tala de árboles, hasta el punto que en los pueblos y ciudades se habían extinguido los lugares con sombra para el descanso y la recreación o un lugar donde se pudiera compartir con amena charla; dando paso al Sol incandescente cuyos rayos penetraban hasta lo más recóndito de las células del cuerpo, porque han afectado la capa de ozono que sirve de protección, obligando a los habitantes a incluir entre sus prendas de vestir el sombrero de antaño, que los hacía sentir como obispos con solideo para cubrirse la coronilla.

Cuando recurrió al espejo para afeitarse observó su rostro con manchas cafés, como un caratoso, razón suficiente para acudir al dermatólogo a solicitar un tratamiento facial, bastaron dos citas al consultorio para verlo actuar, sin imaginar ¡Cómo era el proceso! obedece la sugerencia de pasar a la camilla, de inmediato, utilizó la tecnología láser aplicada a la medicina para limpiar su cara.

Hasta ese momento el ilustre docente no conocía lo que implicaba. Bastaron unos segundos acostado en la camilla e investido de su papel de paciente, mientras la Enfermera profesional aplicaba los ungüentos para que el Cirujano como el artesano con un soldador de estructuras anatómicas, comenzara a disparar la pistola hacia una placa de cuarzo, que recibía los tremendos fogonazos, tan ardientes como los sufrimientos de este mundo. De inmediato pensó: Si así era, la tortura China para desmanchar la piel, más grave sería la limpieza del alma  para salir del purgatorio, donde se expiaban los pecados contra la ley de Dios y la sociedad. 

Al finalizar el procedimiento el Cirujano preguntó al paciente por los años cumplidos para anotarlo en la historia clínica, pero era tanta la impresión de los  chamuscados con olor a carne asada, que los había contabilizado para evadir el dolor y en consecuencia  respondió: son 63 lamparazos mi doctor. 

Al terminar la consulta, el Facultativo instruye a su paciente recomendándole que para el éxito del tratamiento debe evitar exponerse a los rayos del sol; durante ese tiempo es mejor colaborar con la señora lavando los platos, barriendo y arreglando la casa, como actividades terapéuticas contra las manchas del sol y de paso servir de comportamiento modelo a muchos maridos “pa´na sirven” que han olvidado que la mujer, es el único ser que penetra en el corazón del hombre, sirviendo de luz y sombra en la vida cotidiana.

 

 

Bogotá,  Marzo 4 del 2016

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