EL HOTEL DEL PUEBLO.

 

DANIEL QUINTERO TRUJILLO

Escritor de Cuentos Cortos.

 

 

 

Cuando era las 6 de la tarde, el pasajero llegó a la plaza de los libertadores y de allí se dirigió al Hotel del Pueblo, ubicado en El barrio Palo Redondo, conocido por los parroquianos como el HP. Allí llegó el Gerente del Banco del Comercio, invitado a las fiestas patronales de Santa Ana que se celebraban en el mes de Julio.

 

 

 

Ya en su cuarto de hospedaje adornado con una mesa especial en madera para soportar una ponchera y la jarra de agua. Doña  Prudencia la dueña, una señora gorda de genio incontrolable, desgastada, por los años, que en vez de estar jubilada seguía en el arduo trajinar de la atención de pasajeros, le hizo conocer el reglamento de llegada enfatizando que después de las 9pm, no se le habría a nadie, así fuera a su propia madre.

 

 

 

Al día siguiente el señor Gerente asistió a las ceremonias de las ferias y fiestas de la población y en las horas de la noche fue invitado a un coctel que después de los últimos vinos terminó en La Caseta Mat´ecaña, para participar de la rumba municipal.

 

 

 

Cuando habían pasado varias horas del jolgorio, miro su reloj que ya e indicaba las 12 de la noche; un poco preocupado se puso la mano en la cabeza, porque recordó que la dueña del hotel no le abriría, la puerta. Inmediatamente buscó al señor Alcalde para que lo acompañara a presentar disculpas, pero el burgomaestre conociendo el temperamento de dueña del hotel, creyó conveniente que para esos menesteres, estuviesen algunas otras personas muy apreciadas, para que ella, resolviera olvidar por un instante el reglamento hotelero, en consideración a la intervención de tan ilustres personajes.

 

 

 

Ya frente a la puerta, el huésped empuña los dedos de su mano para tocar con suavidad y en el silencio de la noche, se escuchó como un trueno que casi revienta los oídos de doña Prudencia, sobresaltada sale furiosa a recordar que no son horas para atender a nadie.

 

Enseguida el señor Alcalde interviene para solicitarle que en nombre de la autoridad le abriera al señor gerente, que también estaba acompañado del cura y del médico del pueblo.

 

 

 

Doña Prudencia con el ánimo de terminar y conciliar  en este impasse resolvió decirles a los presentes lo siguiente:

 

¡Escuche señor Alcalde! El pueblo lo eligió a usted para que haga cumplir la ley, al señor cura no lo necesito porque estoy en paz con Dios, al médico tampoco, ya que gozo de buena salud y al gerente del Banco mucho menos, porque no necesito Dinero, así que váyanse y pueden insultar al policía  para que los lleve a dormir a la Cárcel.

 

 

 

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Tunja, 18 de julio del 2016.