ECOS DE LA CUADRA N° 57

 DON  BARTOLO EL HOMBRE DEL BILLETE

DANIEL QUINTERO TRUJILLO
Escritor de Cuentos cortos
 

 

Cuando comenzó la temporada electoral, los líderes políticos se desplazaron  a diferentes regiones de la municipalidad  a realizar sus campañas para dar a conocer los programas de Gobierno a todos los ciudadanos. 

Hasta la vereda de Tronqueros, sitio de hermosos paisajes, perfumada con el aroma  de las flores  y adornada con eucaliptos y pinos centenarios, llego el líder del partido Verde. Allí, la comunidad estaba reunida, previa la convocatoria realizada por una avanzada que se había efectuado  el día anterior por parte de los candidatos aspirantes al Concejo municipal.

El candidato presentó su programa de gobierno fundamentado en UNIÓN Y DESARROLLO, para ofrecer un gobierno transparente y honesto, donde las inversiones tuviesen como denominador común el beneficio de la gente.

No había pasado mucho tiempo, cuando un anciano líder de la comunidad, de baja estatura, bigote negro, vestido de ruana color marrón, alpargatas, sombrero  y figura de hombre bonachón a quien sus vecinos llamaban don BARTOLO, tomó la palabra para presentar las necesidades de mejoramiento de la  carretera veredal, llena de obstáculos para el tránsito de los adultos mayores. Se habló de la defensa del medio ambiente contaminado por la explotación minera que viene acabando con las fuentes hídricas y la salud de los habitantes, la  iluminación  de la vía  para tener mayor seguridad y la construcción del salón comunal para sus reuniones sociales y actos religiosos. Estas intervenciones quedaron registradas en el cuaderno de visitas del candidato  para tenerlas como guía  de trabajo en caso de ser elegido.

Al terminarse la reunión y en el momento de despedirse la comitiva de la campaña, don Bartolo se dirige hacia el candidato para solicitarle que le regalara algo, Él aprovechó la oportunidad para repartir unas tarjetas que lo identifican como líder político, pero el veterano campesino con gesto de desagrado le dice "Aquí los otros dotores” nos han dejan un billetico que tiene la figura de don Isaac, con la condición que votemos por ellos ¡Si también nos da lo mismo… solo daremos el voto por su merced!

El candidato con aire de desconcierto frunce el ceño y le reitera que el Partido Verde es una agrupación que no tolera la corrupción y por lo tanto no compra votos y respeta la libertad del elector, quien será beneficiado  con un buen gobierno, sustentado en el desarrollo de programas para el servicio comunitario.

Enseguida agregó: don Isaac cuya figura aparece en el billete de cincuenta mil pesos, fue un gran literato colombiano, que escribió la novela “La María” para inculcarnos el valor del amor incondicional por las personas a quienes nos entregamos con alma, vida y sentimiento, ustedes también tendrán en mi gobierno muchos Isaac, transformados en educación, obras civiles, cultura, servicios médicos y la tierra que cultivada con esmero, será nuestra María para embellecerla, protegerla y amarla por siempre.

El día de  las elecciones Bartolo bajó de su vereda, acompañado de los vecinos. Avanzaba sin conocer a nadie, se abría camino entre un tumulto de personas que nunca antes los habitantes habían visto, caminaba con paso lento y actitud de esclavo hacia la urna electoral, para luego encontrarse con los líderes del partido contrario, quienes entregaban el billete color violeta, como la credencial por haber votado por ellos y además, se hacía merecedor de un pedazo de carne y una cerveza para luego recluirse en el olvido y la pobreza, hasta una próxima elección.

Después del escrutinio, cuando la emisora comunitaria daba a conocer los resultados electorales, los habitantes del pueblo reunidos en el café del atrio, aseguraban que gracias al trasteo de votos, a los mercados y ropa de contrabando, repartidos por las veredas aprovechando la madrugada, el dinero y el ofrecimiento de puestos a los gamonales, pudieron  derrotar al candidato honesto y con capacidad de desarrollar programas para impulsar el cambio.

Al final de la tarde, cuando unos y otros se recluían en sus casas solo quedaba  en el ambiente de las calles, la nostalgia por las esperanzas frustradas de un pueblo ofendido y derrotado por las marañas de la política como negocio, mientras Severiano el dueño del café termino afirmando a su señora – Aquí nunca habrá progreso – mientras los políticos ambiciosos se apoderen del gobierno, sigan engañando a los votantes y explotando a los  pueblos para su propio beneficio.

 

 
DANIEL QUINTERO TRUJILLO

 

 

Firavitoba, octubre 25 del 2015.