¡USTED ESTA MUERTA!

Daniel Quintero Trujillo.

Escritor de Cuentos Cortos.

 

 

El frío intenso  de Pueblo Olvidado, hizo que Cipriana montara alrededor de la plaza una venta de tinto, que los clientes compraban con agradado, antes y después de las horas de trabajo, para dar calor al organismo y deleitarse con un buen café... Ella era una joven morena, fuerte, amante del trabajo que con las ganancias de su venta mantenía a  sus tres hijos.

 

En una mañana del viernes, cuando llegó a su espacio de trabajo se desmayo, teniendo la policía del lugar que recogerla  para llevarla  en ambulancia al hospital, donde la recibieron de urgencia, allí le solicitaron su cédula para registrar su entrada y abrir la historia clínica.

 

Después de los  exámenes de rutina, el médico de turno la atendió en la sala de partos, ya que estaba embarazada y el feto empujaba para llegar a este mundo.

 

Tres días después y una vez se recuperó de su embarazo, volvió a casa ubicada en una colina, a las afueras de la población, un barrio marginado con mínimos servicios públicos que lo clasificaban en estrato uno.

 

Al regresar para continuar sus labores de rutina, observó que los clientes la saludaban como asustados y terminaban diciendo: ¿Acaso usted no está muerta? – A este interrogante  respondía: Ajá, mire, ¡Estoy viva y sigo luchando por mis hijos! – Pero los clientes seguían sin detenerse a demandar sus servicios; motivo que la llevó a cambiar el lugar de trabajo, para trasladarse al terminal del transporte donde había más afluencia de clientes, que en su ir y venir buscaban un buen café.

 

Cuando se instaló en el lugar, la misma policía que la había llevado al hospital le solicitó la cédula para identificarla y extenderle permiso como vendedora ambulante, pero como no tenía su documento, le prohibieron ejercer su tarea, motivo este que la obligó a volver al centro hospitalario para reclamar su cédula, que según ella, había olvidado y se encontró con la desagradable noticia que allí no reposaba el documento de identidad y que Cipriana Guasgüita  Pacanchive, que era su nombre y apellidos completos, había sido sepultada meses atrás, en una fosa del cementerio central.

 

Ante esta fúnebre noticia, resolvió consultar al juez Municipal para que le ayudará en este impase, donde a pesar de estar viva le daban tratamiento de muerta, ya que no le permitían trabajar y tampoco le prestaban los servicios de salud.

 

El juez en uso de sus funciones, solicitó a la Registraduría Municipal información sobre la identidad de la señora y el erudito funcionario respondió: Que el número de la cédula había salido del registro por motivo de muerte natural y que en los archivos figuraba el acta de defunción con un recibo de pago de la bóveda donde estaba sepultada, documentos que fueron remitidos al juzgado con la certificación de la Notaria única, donde aparece inscrita la muerte de CIPRIANA GUASGUITA  PACANCHIVE.

 

Cuando el juez municipal recibió la información, hizo un análisis minucioso de los documentos y encontró que las autoridades del hospital solicitaron el arrendamiento de una bóveda para inhumar el Cadáver Feto de la citada señora y lo identificaron con su número de cédula.

 

Estos documentos viciados y mal tramitados dieron muerte en vida a la Vendedora de Tinto, que desde hace muchos años espera que la  Registraduría del Estado civil haga la exhumación del cadáver y compruebe que  sigue viva y requiere de una nueva identificación para continuar actuando como ciudadana con todos sus derechos, trajinando en este insulso mundo plagado de funcionarios ineficaces.

 

 

 

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Duitama La perla de Boyacá.

 

Enero 16 del 2015.