EL SANTO APARECIDO

 

Daniel Quintero Trujillo

Escritor de Cuentos cortos.

 

José Univio, era un carpintero humilde, vivía en una casucha arrendada, frente al comedor estaba un palo de Naranjo, que su señora apreciaba por la cosecha abundante que le proporcionaba  para el jugo del desayuno en cada mañana. Sin embargo observaba que el carpintero se había fijado en una rama que tenía unos troncos especiales.

¿Qué estás pensando José? Te veo embelesado mirando el Naranjo – Preguntó su señora – Mija, es que  desearía  poder cortar unas ramas para hacer una figura – Ni lo vayas a intentar porque hasta aquí fuimos compañero.

Un día a la hora del almuerzo, arreció un fuerte aguacero y un rayo cayó quemándolo y destrozándolo ¡Oportunidad propicia, para que Don José Univio, lo aprovechara para su arte de ebanistería. Se encerró en su taller y después de varios días terminó de esculpir la figura de San Antonio y una de las ramas sirvió para elaborar al niño Jesús, abrazado contra su cuerpo.

Cuando ya estaba  terminado, pensó que era la ocasión de ganarse  un  dinero si lo vendía al señor cura y con ello podría pagar el arriendo atrasado.

Cuando el sacerdote lo vio, quedo maravillado por la belleza de ese San Antonio y pensó que era la oportunidad de sacar al pueblo de su anonimato, presentándolo como el patrono milagroso. Lo compró por cinco mil pesos, lo guardó entre las alforjas de su  caballo, porque iba a las veredas a celebrar la santa Eucaristía.

El día que viajó a Cerro Gordo,  se hizo acompañar de Euclides el Sacristán, cuando este iba adelante en su jumento, el señor Cura arrojó en una enramada a San Antonio, sin que el Sacristán se diera cuenta.

De regreso al pueblo… Al pasar por el mismo lugar, Euclides ¡Gritaba de Alegría al observar la imagen de un Santo! Ambos descendieron y descubrieron la Figura de San Antonio Bendito.

El Sacristán se adelantó para llegar a la parroquia y hacer repicar las campañas para anunciar a los feligreses que San Antonio se había aparecido en el camino de Cerro Gordo.

Desde ese instante se entronizó en el altar y todos los habitantes acudían a orar, haciéndole peticiones:

Que las hijas consiguieran un buen marido. Que pudieran tener casa propia y hasta lograr encontrar los objetos y animales perdidos; solicitudes que de inmediato eran concedidas por el  Santo nacido en Portugal. Que según Papa León XIII era llamado el Santo de todo el mundo.

Esta noticia se expande por toda la comarca, llegó a oídos del carpintero, que sabiendo de su pobreza fue a la iglesia a orar y pedirle ayuda para conseguir el dinero que necesitaba para comprar su vivienda propia.

Mientras oraba, lo miró detenidamente, logrando reconocer que  ese Santo Aparecido era el mismo que sus manos habían elaborado y sonriente, pero con profunda Fe de Cristiano exclamo:

¡Ay, San Antoñito Bendito! No se te Olvide de hacerme el milagrito,.. Acordáte  que Yo te Conocí Naranjito!

Desde entonces, el pueblo se transformó en un Santuario, a José Univio se le cambió su destino.

 

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Finca la Cuadra.

Firavitoba, diciembre 22 del 2014.