ETOLOGIA DE UNA ALDEA 

 

DANIEL QUINTERO TRUJILLO.

Escritor de Cuentos Cortos.

 

Los habitantes del pueblo se han despertado con los cantos de los gallos y al abrir las ventanas para contemplar el horizonte, perciben un suave olor a rocío de mañana fría, pero  en las nubes se observan  franjas  anaranjadas indicando que el día va estar soleado, a medida que las horas avanzan, la contaminación ambiental producida por una fábrica, incrustada en zona urbana, desespera a sus habitantes, impotentes de controlar la calidad  del aire, nada se puede hacer, porque como grandes empresarios, son los patrocinadores de los eventos recreativos del municipio, sin importar los problemas de salud pulmonar de niños, adultos mayores y vecinos que aspiran ese espeso humo negro, o los semovientes que se tragan el pasto con hollín de carbón.

Por los diferentes puntos cardinales, se escuchan los ecos de la radio, informando sobre el proceso de Paz con los grupos insurgentes, que llevan cincuenta años causando problemas a la población civil, que no cree en los diálogos… porque siguen las escaladas terroristas.

Ahora el reloj de la torre señala las 8 de la mañana, por las calles circulan a toda prisa unos cuantos escolares, para evitar que les cierren la puerta de ingreso de la escuela, otros utilizan el transporte escolar y algunos vienen desde las veredas en sus caballitos de Acero.

Cuando distribuía el boletín informativo, percibimos que hay personas que lo  reciben con agrado, otros se disculpan manifestando que por su avanzada edad, los ojos no le permiten distinguir las letras o no tienen a quien acudir para su lectura; mi esposa manifestó – es necesario impulsar con las autoridades del Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC). La creación de una Emisora Comunitaria – para que la información llegue al corazón de los pobladores, en el sitio donde se encuentren, supliendo la necesidad de lectura, además servirá, para impulsar campañas educativas y culturales con la participación de todos los sectores.

A medida que avanzábamos, se encontraba en cada barrio un sin número de tiendas, similar al número de habitantes, son micro-mercados que facilitan comprar o fiar los  artículos de la canasta familiar, sitios que aprovechamos  para fijar el boletín  informativo, un cliente manifestó: ¡Es de gran utilidad, quizá no prohíban su circulación, como ocurrió con el canal de TV comunitario cerrado por la administración, para no permitir la transmisión de las sesiones del Concejo y así evitar que el ciudadano esté enterado de las críticas a la gestión!

Al llegar a la plaza principal, alcanzamos a escuchar  el Himno Nacional, como señal de inicio a las sesiones del Concejo, que tenía como orden del Día, el análisis de las inversiones presupuestales ante las críticas, porque el gasto no era transparente, ni en beneficio social. En el recinto, solo había 6 ediles  de los 9 de nómina. El Presidente daba instrucciones sobre el debate, algunos hablaban por celular, pero a la voz de ¿Se aprueba el orden del día? Automáticamente se dio un pupitrazo, en señal de aceptación.

En la cafetería del parque principal, los clientes leen los titulares del periódico acompañados de los amigos que disfrutan de un buen café, además de comentar el alza de la gasolina, la solicitud de extradición del ministro que desvió los recursos de AGRO para favorecer a los terratenientes y hablar de la intensa sequía que pide a gritos un DISTRITO DE RIEGO para mitigar la sed de los animales y la productividad de las cosechas. Este sitio parecía  la antigua Grecia, cuando Aristóteles enseñaba – Que: El ser humano era un animal Politicón– Una señora en la cafetería, empacaba el pan recién salido del horno de leña, por no existir el servicio de gas natural domiciliario, estas viandas estarían destinadas a completar el desayuno del Director del centro de salud, que se levantó preocupado, porque las EPS no pagan los precios justos per cápita, estimulando con esa práctica la quiebra del Hospital, por la actitud mercantilista de tratar a la Salud como negocio, en cambio de invertir en la calidad de vida del paciente, pues a ellos solo les interesa recibir jugosas ganancias.

Las campanas de la torre de la Iglesia están doblando, anuncian el entierro de una anciana que vivió 100 años, como premio a su tranquilidad y excelente salud mental, toda la población está de luto, acuden al funeral solidariamente, como una costumbre en la comarca, ya que todos sus pobladores son una misma familia, característica que hace imposible la revocatoria de un mandato a los alcaldes que gobiernan dándole la espalda al pueblo, por respeto a la genealogía familiar y a la amistad.

Ya en el parque encontramos muchos ancianos dormitando en los escaños destartalados; sus rostros reflejaban, inconformidad por la carencia de programas de asistencia, pero con satisfacción por haber disfrutado de la buena música, como hoy lo hacen las nuevas generaciones, culpables por haber cambiado el ritmo melodioso de las canciones, eliminado al Sagrado Corazón de Constitución de su Patria, y estimular anti-valores en la construcción de sociedad.

Al final de la mañana había caído una ligera lluvia que hacía intransitables  las calles, ahora cubiertas de lodo y los huecos llenos de agua, como piscinas a consecuencia de la abertura de las vías públicas, oportunidad que aprovechan los niños en los barrios para poner a navegar los barquitos de papel fabricados con las hojas del cuaderno de tareas, ante la ausencia de una política de recreación, para dotar a la aldea de un parque infantil que contribuya a la sana diversión para su crecimiento psicomotor.

A esa hora, las tiendas comienzan a cerrarse y los habitantes se disponen a tomar el almuerzo en familia, para después dormir una buena siesta hasta despertarse, con el primer ronquido y volverlas a abrir, para enterarse de los últimos acontecimientos ¡Que si la hija de Don Pepe ya se casó o sí por fin cogieron a los ladrones!…

Cuando estaba terminando la jornada de la tarde, don José,  un amigo en la  “Calle de los bellos recuerdos” nos invitan a tomar una taza de chocolate con almojábana y queso fresco, fabricado con leche de vaca recién parida. En la sala se observan los álbumes de familia, que registran los acontecimientos importante de los hijos, los viajes, los títulos académicos, los progresos y éxitos, que ocupan todo su tiempo y con nostalgia repiten ¡Como son Profesionales, trabajan en la capital y No pueden regresar al pueblo!

Nos del despedirnos del amigo, para volver a nuestra casa campesina, para protegernos con la ruana hecha con lana de oveja en el telar de la abuela, que aún conserva el olor de pasto yaraguá y abrojos. 

Los últimos rayos del sol caen sobre el tejado; aprovechamos para regresar antes que llegue la oscuridad y se incremente el peligro al transitar por las vías destruidas y sin alumbrado público; al despedirnos Don José y su señora agradecen la visita y exclama ¡Mañana ....será otro día para seguir con la misma rutina. Vuelvan pronto!

Ya los perros rondan por las calles, dan ladridos de alerta; son guardianes de la noche que avisan a los vecinos cuando llegan personas extrañas a invadir su territorio, ellos son más efectivos que la seguridad de la guardia municipal.

Mientras recorría ocho cuadras, con mirada inquisidora, observé las paredes de las casas, parecían como un álbum de recuerdos: en los techos y ventanas aún permanecían carteles de la campaña electoral,  rastros de la pasada Navidad, Altares del Corpus y pegados los afiches de la última corrida, ilustrada con un animal humano torturando un indefenso toro, en el tejado, los cohetes de la pólvora quemada en las fiestas patronales, que divirtieron a los habitantes por un instante, para sacarlos de su monotonía.

Estas son las costumbres de una aldea, que a pesar de sus problemas de desarrollo, sigue siendo añorada por el urbanismo del siglo XXI  culpable de muchas enfermedades psicosomáticas.

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Tunja, 1 de septiembre del 2014.