CAMPESINA DE LOMA LARGA

 

DANIEL QUINTERO TRUJILLO.

 ESCRITOR DE CUENTOS CORTOS

 

Eudocia era su nombre de pila, tenía  como actividad diaria transportar leche para vender, se desplazaba desde la vereda de Loma Larga, a Villanueva en la población de Ocaña. Todas las mañanas, después de recorrer caminos encharcados, al llegar a  la pradera en las juntas, acostumbraba a sentarse en una gran piedra para lavarse los pies y ponerse las alpargatas que luciría en la ciudad. Allí echaba dos jarros de agua a la cantina, era para ella el ahorro para comprar un  reboso o chal que había visto en el almacén de Chango y que tenía planeado lucir el jueves santo en la ceremonia del lavatorio.

Fue al mercado, compró una alcancía de cerámica en forma de marrano y en las horas de la tarde depositaba las ganancias de la mezcla; el miércoles Santo llegó al almacén con sus ahorros, se midió el rebozo negro con flecos de color plata, que compró con alegría, mientras el tendero lo empacaba en una bolsa plástica.

Ya el jueves Santo, como era costumbre no se expendía ningún producto, estaba reservado para las ceremonias de la semana mayor, la campesina después de atender a su familia en la vereda, salió rumbo a la ciudad y en las juntas, extendió su rebozo en la piedra y comenzó a lavar sus pies... ¡Cuando estaba lista con sus zapatos e iba a ponerse el chal... una fuerte brisa se lo llevo, para perderse en las aguas turbulentas de la quebrada que lo atraparon para nunca más volver!

¡Con sus manos en la cabeza manifestó su tristeza, camino unos cuantos pasos por la orilla del río, pero, quizá para darse consuelo exclamo: "Caramba, lo que es del agua, al agua va"

Desde ese día, Eudocia contó lo sucedido a sus vecinos y familiares, para enseñarles que ¡El dinero debe ser, fruto del trabajo honrado!

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Ocaña,junio 28 del 2014.