¡EL HONORABLE LUSTRABOTAS!

DANIEL QUINTERO TRUJILLO

ESCRITOR DE CUENTOS CORTOS.

 

Ha comenzado  la jornada laboral  de un día cualquiera del año sesenta y seis, a un costado de la plaza  de Bolívar de la capital Histórica de Colombia, llega un señor de bajá estatura y de piel mestiza, con vestido de paño oscuro  completo y  corbata negra que contrasta con su camisa blanca, al estilo de un Diputado; conocido comúnmente como el señor Cipagauta, trae debajo  de su brazo una caja de embolar y en la otra mano el periódico del día, que desde la cinco de la mañana ha leído para  poder comentar a sus clientes los temas de gran trascendencia para la vida del país.

Esta es la esquina, cerca  al edificio de la Alcaldía, por donde  pasan los personajes importantes de la gobernación, sacerdotes que van a consagrar, comerciantes, profesores de colegio y estudiantes universitarios que después de caminar el circuito denominado la Vuelta al Perro; escuchan la frase: "Su merced, estoy listo a servir a usted y a mi patria", se sienten atraídos a sentarse en el taburete y colocar los zapatos para ser lustrados, por el humilde trabajador que llama jefe  a todos por igual y tomando con una mano la caja de betún y con los dedos índice y corazón de la otra impregna los zapatos para sacarle brillo con un trapo, acariciando el cuero con mucho maestría, estilo y una agradable tertulia sobre la política nacional.

Cuando el Cliente siente un ligero golpe en la punta del zapato, vislumbra la terminación de su lustrada, se  introduce la mano al bolsillo para pagar  el valor de un peso, mientras el embolador  lo alaga con la expresión: Su calzado ahora  brilla como su inteligencia.

Pero, cuando es un político el que se acerca le decía: Muy bien Doctor, aquí le limpio sus embarradas, para que siga brillando a sus electores.

Entre  embolada y conversación, Cipagauta  le solicita al político que lo ayude para que lo nombren como empleado de la Asamblea Departamental  y así poder incrementar el  salario, para dar  holgura a la precaria economía familiar. En poco  tiempo  es nombrado como auxiliar de micrófono, facilitando a los Honorables ampliar su voz, mientras se dirigen a los Miembros de la Duma y asistentes. 

En las horas de la tarde guarda sus instrumentos de trabajo, se dirige al recinto, llevando en sus bolsillos una media botella de aguardiente “Ónix Sello Negro” que poco a poco va degustando, mientras organiza los escaños y se asegura que la corriente y el sonido no vayan a fallar.

En ese hábitat demagógico, el lustrabotas va observando el desempeño de los asambleístas y aprendiendo el ritual parlamentario, después de haber consumido varios guariloques anisados y con sus ínfulas de orador va tomando la palabra para denunciar en la Corporación  legislativa, los problemas de su gremio entre los que enumera: la Falta de educación, salud y uniformes de trabajo.

Su oratoria era tan elocuente, como  escuchar a los  grandes políticos de la época, tenía memorizados algunos de sus discursos; quienes lo escuchaban  se reían, lo aplaudían, pero también  se deleitaban  de sus intervenciones como un  elixir para el alma.

Los miembros de la Asamblea contrariados por la intrusa intervención del lustrabotas, deciden cancelar el contrato de servicios y expulsar lo del recinto pero  Cipagauta enardecido, se ubica en la entrada del Edificio  a vociferar  y con el brazo en alto y la mano empuñada a al estilo Gaitanista, termina sus arengas  con las frase: "El pueblo es Superior a sus gobernantes" - " Por la restauración Moral del País a la Carga", enseguida un grupo de agentes del orden lo detienen y lo llevaba una estación de policía  ubicada en carrera octava, sitio donde El Honorable Lustrabotas con su ilusión de artista se dedica a descansar ... Con la satisfacción de haber  dejado huellas brillantes en su trabajo.

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Tunja, Marzo 28 del 2014