HACIÉNDOSE EL IMPORTANTE

 

Daniel Quintero Trujillo

Escritor de Cuentos cortos

Cuando el Padre Rupertino recibió de la Curia Arzobispal su traslado a la población de Cerro Gordo, contrató en la Flota cagajón un burro manso y orejón, para transportar sus pertenencias, donde estaban los Ornamentos Sagrados y Reliquias  que utilizaría en los Santos Oficios.

 

Durante la travesía  los vecinos de las veredas se agolparon en el camino pedregoso para despedir al Santo Sacerdote y mientras  avanzaban, notaban que ellos se arrodillaban haciendo la Señal de la Cruz.

 

Muy cerca a la población de destino, las campanas  de la iglesia empezaron a sonar, el pueblo salió al encuentro del nuevo párroco, las calles estaban adornadas con festones y tapizadas de flores blancas, mientras el burro a medida que avanzaba iba dejando sus desechos a pesar de lo cual, los parroquianos seguían arrodillándose para recibir la bendiciones, mientras tanto el asno bamboleaba la cola y meneaba su cabeza de lado a lado como observando tan importante ceremonia, ya en el sitio de destino frente al sacerdote y su jumento hubo música aplausos y discursos de bienvenida.

Al  día siguiente, cuando todo estaba en la normalidad cotidiana y el animal había cumplido su tarea, el dueño fue a buscarlo al potrero, pero empezó a correr, retozando y rebuznando, no se dejaba amarrar, pateaba, envestía con mordiscos a su dueño que desesperado, resolvió ponerle una trampa para tumbarlo y cuando estaba en el suelo lo cogió a garrote y le decía: -cálmate, ¿Qué te estás creyendo, pensaste que eras un dios? No olvides que estabas cargando porque es tu trabajo y aunque llevabas la carga preciosa, no te enteraste de ello, ¡eres el más animal y el, más bruto de la comarca!... ¿De qué te crees? Upa, ¡A trabajar en lo que te corresponde!

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Finca la cuadra

Firavitoba, febrero 10 del 2014.