¡YA - ES LA HORA DE IR A LA ESCUELA!

 

Por DANIEL QUINTERO TRUJILLLO

Escritor de cuentos cortos.

 

"La Educación es el instrumento que tiene el Estado para civilizar al animal humano, evitando que se siga destruyendo el mundo, convirtiéndolo  en ciudadano útil a la sociedad, con ética  y valores."

 

@daniquinterot

 

Cuando José de Dios, tenía la edad para aprender, sus padres lo matricularon en la escuela urbana El Llano del Tabacal.

 

Allí se sintió incómodo, porque no tenía a sus padres y a sus amigos del barrio, al transcurrir  algunos días, ya Chepe – como lo llaman sus compañeros – comenzó a tener más confianza y a hacer amigos, mientras la Maestra se dedicaba a orientar cada estudiante para ayudarlos en el crecimiento personal, social y educativo.

 

El programa escolar que estaba conformado por la enseñanza de la religión, lenguaje, escritura, aprendizaje de números, así como: jugar, pintar y relacionarse con la naturaleza; le iban dando una nueva dimensión de la vida y Él mismo, observaba que cada día progresaba en el aprendizaje y con los compañeros de la escuela, podía dialogar, planear estrategias para lograr sus sueños, hacer tareas que eran orientadas y evaluadas por la Maestra.

 

Tiempo después, el niño consideraba a la maestra como su segunda madre y a los compañeros como hermanos en el aprendizaje, desde entonces demostró su liderazgo. Los juegos infantiles como la golosa, el escondite, la lleva, el trompo y el futbol lo ayudaban al crecimiento físico, al desarrollo de su razonamiento, cumplimiento de normas de respeto y evolución de  su socialización.

 

El miércoles en la tarde, estaba destinado para las actividades  deportivas… Siempre salían de paseó  a un sitio cercano al pueblo, llamado "El Pozo de la Llave"  para ponerse en contacto con la naturaleza, bañarse en las aguas del río Jordán, observar las viviendas campesinas, el trabajo de los agricultores, el crecimiento exótico de los árboles en las montañas de la zona, donde anidan los pájaros de bellos plumajes: toches, azulejos, cardenales, los come dulce, los zioetes come guineos y las extendidas alas de cóndores y águilas, luego  compartían el avío y allí sentados en las piedras que decoraban el lecho del río, sintetizaban las vivencias del día.

 

Cuando ya conocía los números y podía hacer las operaciones aritméticas, se dedicó en el recreo a vender colombinas para ganar dinero, actividad que lo hacía feliz porque cada semana veía las ganancias de su negocio escolar, que iba incrementando con la ayuda de sus mejores amigos; ésta actividad lo marco para que en el futuro, se desempeñará como un gran comerciante.

 

El tilín-tilín de la campana era  el sonido que indicaba el periodo de tiempo para la iniciación y terminación de labores escolares.

Cada mañana estaba listo para ir a la escuela, ubicada en las afueras del poblado, sitio que recorría acompañado de otros niños y llevando su maletín escolar ABC, donde guardaba el cuaderno de tareas, el libro de lectura Alegría de leer y el catecismo Astete. Todos los lunes llevaba en sus manos lirios blancos del jardín de su casa para  adornar el altar de la Virgen de Torcoroma.

 

Cuando se acercaban las vacaciones, sentía nostalgia porque muy pronto abandonaba la escuela. La Maestra decía al grupo: Éste es un tiempo  que deben aprovechar para el descanso, para departir con los niños del barrio, encontrarse con los padres y demás familiares.

 

José de Dios, aprovecho las vacaciones para acompañar a su padre en las actividades agrícolas, allí dedico el tiempo de descanso para alfabetizar a los trabajadores y a cambio de ello, los obreros del campo le enseñaban prácticas agrícolas y sobre todo: Montar a caballo como la actividad que a El más le gustaba, llegando a convertirse en un excelente chalán y organizador de cabalgatas en las festividades patronales.

 

Cuando el burro rebuznaba a las 5 de la tarde los trabajadores le decían  al niño: ¡Ya es la hora de ir a la escuela!  Él se disponía a enseñarles. De regreso a la Escuela, después del periodo vacacional José de Dios le comentó a su Maestra que Él también era profesor, porque en el campo enseñaba a los obreros a leer y escribir… ¡Muy bien!, respondió la profesora, eso es la Educación, un proceso continuo crecimiento personal, para ayudar al desarrollo de los demás,  aprovechando las experiencias.

 

José invitó a sus compañeros al campo, para que observaran la molienda panelera, la siembra del café y la cogienda de los plátanos,  los chicos ayudaron a voltear los granos para secarlos en el patio trasero de la casa grande, montaron las yeguas, las mulas y retozaron varias horas, recogieron de la huerta las viandas de pan coger, para hacer entre todos el zancocho y volvieron al pueblo cansados pero felices con la experiencia. Los compañeros querían quedarse, al final  regresaron porque la construcción escolar no debía permanecer sola.

 

En un 14 de mayo, cuando se celebraba el día del Maestro, los campesinos se hicieron presentes en la Escuela, para expresar a la directora y profesores, que gracias a las enseñanzas del niño José de Dios, ellos también habían aprendido.

 

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Ocaña, enero 19 del 2014.

 

OBSERVACIONES DEL AUTOR:

Es un cuento pedagógico donde se destaca la importancia socio educativa de la escuela.

Se reflexiona entorno a la función orientadora del docente, contribuyendo al desarrollo de la personalidad del Estudiante.

Se describe a la Escuela no sólo como un espacio arquitectónico donde se desarrolla una programación escolar, sino también su influencia en el desarrollo de la comunidad.

El currículum o programa escolar se desarrolla con base en libros clásicos.

 

La gratitud de la comunidad con el Maestro es digna de destacar, es ella la que evalúa su función de transformación social.