ARQUITECTURA NAVIDEÑA

 

Durante el año escolar, Francisco aprovechaba la clase de trabajos manuales para elaborar las figuras del pesebre.

Al terminar la jornada, recogía en los almacenes del pueblo pedazos de cartulina blanca que traían las camisas de cuello que los clientes compraban para la época. En ellos trazaba líneas rectas, curvas, construían cuadrados y triángulos; con tijeras de punta fina recortaba los espacios de las puertas y ventanas de las casas y las torres de la Iglesia, para luego pintar con témperas los rojos techos y las cenefas verdes en las paredes. Elaboraba engrudo de yuca, para pegar las uniones que darían forma a su construcción arquitectónica.

 

El día anterior a la novena de aguinaldo salió muy temprano con los amigos de curso a un lugar frío y boscoso, era la Laguna, un lugar paradisíaco, cubierto de neblina que dejaba entrever alguna palmas, musgo colgante, espigas y quiches que darían olor y espacio natural al pesebre en construcción.

 

Al amanecer del 16 de diciembre con sus hermanos, escogen el rincón de la sala, que ese año ocuparían María y José, como único sitio después de leer la dolorosa historia de las posadas, sin que hubiese un espacio para albergarlos. Mientras escuchaban Villancicos en la radio Santafé, felices construían con cajas de cartón y grandes piedras blancas, aquello que llamarían montañas; cubrían con papel sacado de los empaques del azúcar que Trino de la Rosa les regalaba. Mientras tanto otros hermanos iban a pedir aserrín en la carpintería más cercana y las puntillas para asegurar las cajas.

 

El pueblo era el modelo en la construcción del Pesebre; por eso se veían calles empinadas, grandes montañas de donde bajaban turbulentos ríos con algodón desmenuzado, pedazos de espejos como lagos brillantes, que hacían ver muchos patos y peces imaginarios doblados en cantidad, según la dirección de donde se observaran. Las espigas y flores de las palmas cubrían el techo del establo, con tiras de madera, estiraban las cercas de los potreros llenos de musgo gris colgante en tiras, donde pastoreaban vacas, ovejas, cabras, burritos, mulas y caballos, en cartulina o en celuloide. Los campesinos se encargaban de cuidarlos y hasta les cambiaban de potrero.

 

En los sueños infantiles había un cielo muy amplio, cubrían el espacio por encima del pesebre, con muchas estrellas elaboradas de papel plateado, sacado de las cajetillas de cigarrillo Piel roja, que venían recolectando desde las fiestas julianas. No faltaban mariposas voladoras en un espacio inferior al de las estrellas, o pequeños pajaritos que bajan a chupar el néctar de las flores muy cerca a la familia que esperaba el nacimiento del mismo Dios.

 

Ya estaba listo el espacio, ahora buscaban en el baúl de la abuela las figuras de San José, la Virgen y el Niño que estarían acompañados por el buey, el burro y los pastores; ubican los bombillos de colores con figuras de uvas, enanos, ferrocarriles con luces intermitentes. Tomás el más pequeño y preguntón interrogaba a sus hermanos: ¿Por qué prenden y apagan? Porque igual que el alumbrado del pueblo la luz va y viene como la señal que indica “Que El Niño Dios pronto llegará”.

 

Al terminar el día; ¡La nana traerá los preparativos para toda la novena! – Exquisitos buñuelos, quencos, mantequillados, conserva  de higos y papaya verde – traía en el charol el arroz de leche humeante con queso rallado,  para premiar a los niños constructores y admirar el pesebre. Antes de dormir elaboraban las peticiones de noche buena mientras rezaban la novena. En la pascua navideña, apareció un mensaje a la entrada del pueblo: “Ha nacido el Niño Dios y en el corazón de sus habitantes una Luz de Esperanza” y al despertar hallaron la algarabía de los niños que jugaban con sus regalos, hasta que los interrumpía la campanilla del acólito como anuncio de un paseo del recién Nacido por cada casa, para recibir un beso en la mejilla, que enseguida limpiaba con mucho cuidado el acompañante de la procesión y los adultos, aún siguen rogando para que se cumpla el sueño de la esperada paz en el Llano del Tabacal.

 

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Bogotá, 24 de octubre de 2013.