¡EL DÍA QUE EL PUEBLO SE TRASLADÓ!

Con maleta de viaje en la mano, salí de mi casa al parque Los Libertadores, para buscar el transporte que me llevara a la ciudad de Ocaña.

Embelesado en proyectos personales que rondaban por mi mente… Me olvidé de contemplar las calles que recorría y de inmediato me vi en el atrio de la Iglesia, de ese pueblo que en un 5 y 6 de noviembre de 1829, fuera fundado por José María Esteves Ruiz de Cote, el mismo Arzobispo que en Santa Marta le diera la extrema unción al Libertador Simón Bolívar.

 Allí todo parecía como un desfile de festival: en la tarima estaban los sacerdotes: Padre Antonio Santiago, Roberto Claro y Adriano Casadiego, vestidos con traje de procesión es decir con el Roquete Blanco encima de la Sotana, Bonete en sus cabezas y Misal en mano; Patalalora, el campanero con los sacristanes cargaban la torre de la Iglesia, los Nazarenos conducían los pasos de la Semana Santa, encabezados por Jesús Caído, el Santo Sepulcro y la Virgen de La Soledad, pero muy cerca al billar de José de Dios Moreno y de la panadería de Carlos Caviedes, venían los comerciantes y tenderos, con los artículos de sus almacenes y los estantes surtidos de las tiendas.

 Ángel Gilberto Núñez con  su clarinete, acompasaba la banda de Santa Cecilia y en la primavera, se escuchaba el desplazamiento de los estudiantes a los acordes de la Banda de Guerra que avanzaba al sitio de encuentro. Con ella, desfilaba por las calles empedradas, el profesor Ciro Alfonso Lobo, transportando el tablero, donde estaba consignada la última clase de análisis gramatical, Rosendo Bermonth, con el libro de aritmética de Bruño y el álgebra de Baldor y el profesor Alfredo Cañón Sierra, representando con el grupo de teatro estudiantil, la obra titulada “El soldado de San Marcial”

 De la esquina del Hospital Benito O-Balle, salía don Guillermo Sarmiento en compañía de Pepe su hijo, profesional de Química Farmacéutica transportando los frascos de Vermífugo Nacional y el Citromel con que purgaban a los niños antes de ingresar a la escuela para que no se fueran a enfermar, mientras en Palo Redondo, se veía desplazar al médico francés Robert Bougard, soportando una bandeja con flores de sauco, como si las llevara a sus pacientes, para curar la enfermedad del subdesarrollo; mientras los niños con sus juegos del trompo, la garrucha, el barrilete, el yoyo, el aro y la golosa, estaban estacionados en la rotonda de los músicos, llevaban en sus mochilas la cartilla Alegría de Leer y la Urbanidad de Carreño. La hermana Florita los acompañaba, mientras recitaba sin equivocarse las respuestas del catecismo Astete.

 Todos los habitantes salían de sus barrios: La Plazuela, el Tamaco, Guarico,  la Esperanza, la Cadena, el Camellón, Chapinero, el Ariete, la Quebradita, Aracataca, la Planta y la Macana, soportando en sus manos cajitas de cartón amarradas con cabuya, donde habían empacado las reliquias de su vida.

 Al grito: ¡Allí viene la cabalgata! Se observa la belleza y el caminar armonioso de la reina de las fiestas patronales, acompañada de las comparsas de la caña, el plátano, la yuca, el café, el alfondoque y la melcocha. Detrás viene la imagen de San Cayetano con su machetazo en el hombro, dado por el devoto furioso a quien no le hizo un milagro: “Que su querida lo volviera a recibir”. También desfilaba el “Viejito de los Peroles” que se alimentaba con las sobras de comida que le daban debido a su pobreza. “Nando el Cochoso” con la lengua afuera, por culpa de un mal viento, venía de visitar al mago de Barranca, buscando tratamiento supersticioso a su problema.

 La Chiva Ford, modelo 28 de color verde, llamada La Lora, transportaba obreros de la compañía petrolera SAGOG de la estación la Esmeralda, los dentistas Don Eloy Gélvez y Lalo Durán sentados en la silla de sacar muelas y la volqueta conducida por el Negro Félix, transportaba la basura de la última campaña electoral; lo seguían los campesinos de Balcones, Casablanca, Cartagenita, Tronqueros, la Vega y Piedecuesta que habían transitado por los estrechos caminos de herradura, llevando la Bandera de franjas: Verde simbolizando (La riqueza agrícola), Blanca (la soñada paz) y Vino Tinto (el fruto maduro del café) mientras que otros conducían el escudo de la región: el Trapiche y el Catabre, entrelazados por una cinta inscrita con el lema “Trabajo, Honra y Paz”.

 Cuando todos observaban esto que ocurría: ¡Hubo un silencio profundo!… al comprobar que por el Cielo se desplazaba el Ángel Trompetista del Cementerio; que nunca la había hecho sonar porque se creía que era el final, ¡Ese día se acabaría el mundo! En esta ocasión iba interpretando las notas que recordaban dos estrofas del himno:

 “En mis pupilas, dibujado llevo

 El severo perfil de tus montañas

¡Oh regia Convención, por ti yo siento!

 Este amor que traduce mi garganta.

 Un canto a tus mujeres, yo dedico

 Y otro canto a tus regios cafetales.

 Y con gran pesadumbre me despido

 Llevándome en el alma tus paisajes…”

 Enseguida se inició el traslado del municipio, los sacerdotes iban ordenando entrar a cada paso de la vida, en los sagrados aposentos interiores, para que permanecieran intactos sin  que el tiempo les pasara, los últimos en ubicarse, fueron mis padres y hermanos, llevando las arepas con queso salado y los tamales.

 Al finalizar, el Juez Municipal, administrando justicia en nombre de la República de Colombia, introduce en una urna de cristal el veredicto dado por la HISTORIA donde se señala a la clase política, como responsables del atraso y analfabetismo del Llano del Tabacal y la zona del Catatumbo.

 El pueblo ha quedado desocupado, solo con la Virgen del Carmen en lo alto de la montaña, como protectora del tiempo y con las aguas corrientes de las quebradas San Juan, Pozo de la Llave y el Tuntún, indicando que la vida continúa hasta los confines del universo.

 Cuando todos estaban ubicados en su lugar, llegó un taxi con pasajeros, que al descender preguntaron ¿Por qué tanto silencio y soledad? De inmediato les respondí: El Pueblo se trasladó al corazón y al recuerdo de sus habitantes, que están diseminados en los diferentes puntos cardinales de la geografía. Este es un nuevo territorio que tendrán ustedes que construir, con la fuerza de los sueños, su nombre no será El Llano de Tabacal, sino Convención perteneciente a la jurisdicción del Partido de La Sangre.

 En el momento de embarcarme en el transporte un telón blanco del teatro Cataluña, cubrió el escenario, anunciando la película perenne: EL LLANO DEL TABACAL, el pueblo que te vio nacer.

 

This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it.

 

Tunja, octubre 29 de 2013.