“LA MISERIA EN LA CALLE”

¡Señor haz de mí un instrumento de tu Paz!

 – Donde haya desesperación ponga yo Esperanza –

 (San Francisco de Asís)

  

La ciudad ha empezado a funcionar y mientras el sol calienta, los transeúntes que siempre pasan por la esquina del semáforo, observan a un hombre sin camisa, desgreñado, descalzo y sucio, alimentado por la droga, durmiendo sobre un cartón como colchón y arropado por periódicos con  noticias trasnochadas, donde se alcanzaba a percibir un titular en letra grande, con la siguiente leyenda: “El gobierno anuncia que la pobreza ha disminuido”.

 

El ruido y los pitos de los carros que antes estaban detenidos, lo despiertan, toma sus cartones y camina entre la gente pidiendo limosna a todo el que se encuentra, con el argumento de conseguir para comer; algunos sienten compasión y le dan dinero, pero lo que hacen es llevarlo cada vez a su propia ruina, llega como  siempre al restaurante ubicado cerca al Palacio de Gobierno, recoge las sobras de los platos que la clientela ha dejado.

 

Después de saciar el hambre vuelve a otro sitio a seguir durmiendo y en su siesta profunda de la tarde, se soñaba que era muy importante, porque se había transformado en un edificio con  apartamentos para alojar a sus compañeros indigentes, allí las trabajadoras sociales, ayudadas por un equipo de psicoterapeutas y agentes del orden, desarrollaban actividades de rehabilitación, donde se incluía aseo personal, chequeo médico, deportes, terapia ocupacional, educación, desintoxicación de drogas y servicio de comedores comunitarios.

 

Los participantes se reunían como grupos de encuentro, en el salón comunal; se sentían felices de ser escuchados al expresar sus sentimientos, tener un nombre y ciudadanía, daban gracias a Dios porque finalmente los señores del gobierno, orientados por principios de justicia social se acordaron de ellos, para modificar sus comportamientos y asesorarlos en el proceso de convertirse en persona con  calidad de vida.

 

Al despertar y encontrarse con su realidad de pordiosero, abandonado por la sociedad y las políticas asistenciales del estado, se levantó gritando a la gente que por allí pasaba diciendo: ¡Oiga, señores! Mientras en las estadísticas oficiales disminuye la pobreza, nosotros bailamos en la calle de hambre y de tristeza.

 @daniquinterot

 Bucaramanga, septiembre 11 de 2013.

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