CAMINOS DE HERRADURA



“OBRAS SON AMORES Y NO BUENAS RAZONES”

Tiburcio de La Calle, estableció su residencia en las afueras del poblado, estaba cansado de transitar los caminos de vereda, ya que por su avanzada edad, el desgaste de sus cartílagos no le permitían movilizarse con facilidad, como cuando era joven y con un  tropezón terminaba como Jesús caído: Las piernas raspadas y la cara ensangrentada.

Meses después, de estar transitando por las vías haciendo su mercado, observó que en ese pueblo “Calificado como un Paraíso por sus hermosos paisajes y por la paz que sus habitantes disfrutan”  también allí, tenía dificultad para desplazarse porque según su expresión las calles tenían: cráteres, boquetes y zanjones.

Una tarde cuando se encontraba descansando en la cafetería ubicada en la esquina del chime, se encontró con su compadre, llamado por sus paisanos el “Sabelotodo” que al preguntarle ¿Cómo se sentía viviendo allí? Don Tiburcio le respondió con desgano: Parece que con mi llegada, se trasladaron los caminos de la vereda al pueblo… El compadre lo interrumpe para decirle: “Es mejor vivir en el marco de la plaza, las autoridades por su miopía, solo arreglan lo que ven de cerca, no tienen tiempo de salir a caminar y para ellos, lo demás se califica como arrabales.

Al atardecer, un poco triste, regresa con dificultad a casa y mientras tomaba su merienda le dice a su mujer que estaba dispuesto a dialogar con el Alcalde, para que con sus sentimientos de respeto y consideración a la tercera edad, ayudara a mejorar el camino que siempre tendrá que recorrer. –  No pierdas tu tiempo –  dice su esposa, ya la comadre Baldomera que tiene problema de cadera, estuvo hablando con los eruditos funcionarios, ellos sacaron el Libro Gordo de Planeación Municipal para leer lo que allí, estaba consignado: “El arreglo de las calles se va a iniciar cuando se termine la ampliación de las redes del acueducto, pero después comienza el Plan Maestro del alcantarillado y una vez se termine con esas obras, se continuará abriendo las calles y carreras para la instalación del gas domiciliario; lo cual está proyectado para diez años.   Al concluir esas obras, se deben abrir otros huecos, para ubicar los postes de la luz con el fin de mejorar el alumbrado tenue que ahora existe; siempre y cuando se cuente con los recursos para su financiación”.

Cuando Don Tiburcio de la Calle, termina de escuchar esa monumental información, agarró un pañuelo para secar el sudor de su frente, no por el calor que le produjera el chocolate, sino por la reacción de fastidio y descontento que le ocasionó el comentario que le hiciera su mujer, de inmediato se levantó de la sala y con ira exclamó: ¡Me equivoqué! Era mejor estar en mi vereda, aquí las calles son iguales a los caminos de herradura y si los muertos  de esta zona resucitaran dirían  –  De nada nos hemos perdido, aquí todo sigue igual –

@daniquinterot

Finca La Cuadra. Firavitoba, septiembre 8 de 2013.