EL LAMENTO DEL ÁRBOL CAIDO

 

Los fuertes vientos de agosto, terminaron por derribar el árbol que adornaba la orilla del rio.

 

Ha llegado el leñador con  su herramienta y su potente moto sierra, que tiene las cadenas como dientes afilados, lo contempla y empieza a diseñar su corte.

 

El árbol como prediciendo su destino, le dice al aserrador: yo fui útil a la naturaleza, serví de nido de pájaros y di sombrío a los humanos y animales en los momentos de intenso sol, pero estoy condenado a ser reducido a la mínima expresión. ¿Qué destino me vas a dar ahora? Si  no lo has pensado, dijo el árbol yo te ayudo, podrías hacer una Cruz, como símbolo de ser  cristiano, tu cama, un silla para que descanses de tu fatiga, una mesa o también puedes hacerme leña para que me lleves a la cocina para hacer tu comida y si aún tienes vida, haz seis tablas para que fabriques tu ataúd y cuando te llegue el turno  con un adiós te despidan.

 

Todo eso lo haré – dice el leñador – ahora reza todo lo que puedas, yo te doy las gracias y también te digo adiós.

 

Prende la máquina, comienza el run, run, run, como grito de dolor, el aserrín se esparce como lágrimas y al final todo es un desastre: se observan hojas muertas esparcidas por el suelo, tablas y postes, indicando que del “Árbol caído todos hacen leña”.

 

@daniquinterot

 

Firavitoba, agosto 31 de 2013.