LAS OFRENDAS DE LOS MAGOS

Después del Nacimiento del Niño Dios en Belén de Judá, aparecen unas señales en el firmamento. Los Magos de Oriente se dejan guiar y  montados en sus camellos atravesaron el desierto para ir a adorar a un Recién Nacido. Ellos eran: el anciano Gaspar, el joven Baltasar y el negro Melchor, se habían puesto cita en un punto de encuentro y llevaban como Regalos el incienso símbolo de la adoración a Dios, el oro como insignia de los Reyes y la mirra sustancia perfumada de la vanidad del hombre. Solo uno de los Magos no pudo llegar por estar auxiliando a los pobres y enfermos, era el sabio Aussent.

 

Cuando llegan al establo, el buey comienza a mugir, el burro rebuzna anunciando la grata visita, los dromedarios responden con su graznido y los Magos entregan a Misia María los presentes y se postraron ante el Divino Niño para Adorarlo, Él eleva sus ojos al Cielo como dando gracias e implorando al Padre Celestial que otorgue a los visitantes el título de Reyes de las ofrendas.  

 

Terminada la visita, esa noche acompañaron a Don José, ellos le comparten vino con tortillas que traían para el viaje; al día siguiente muy temprano salieron a las regiones de origen, despidiéndose de la Sagrada familia con besos en las mejillas. Desviaron su camino, para no encontrarse con el tirano Herodes que los esperaba para que le confirmaran el lugar del nacimiento del Rey de la humanidad como dice en las Sagradas Escrituras.

 

Al llegar a un lugar lleno de árboles de olivo, se sentaron a descansar, tomaron agua de los zurrones, comieron dátiles recogidos de las palmas encontradas en el Jordán y luego sacaron sus libretas de apuntes y anotaron “El seis de Enero de la era Cristiana vimos a Dios hecho persona en una humilde choza y nos otorgó el don de visitar y regalar amor a la humanidad” y dejaron como lección: “Cuando se entrega una ofrenda adornada con cintas del corazón, el más pequeño detalle se engrandece y el odio o el olvido se transforman en sentimientos afectivos”.  Luego, se dispersaron tomando caminos diferentes.

 

El Sabio Aussent se llenó de tristeza, por no haber conocido el Niño de Belén… Cuando murió, Dios lo reconoce y le dice: “No te afanes, ya me habías conocido, lo que hiciste con los niños, los enfermos los pobres y desvalidos, también lo hiciste conmigo, porque en ellos estaba YO.

 

Ahora la humanidad en todos los puntos cardinales, recuerda con alegría, la visita de los Magos y dan gracias al Divino Niño por la felicidad de los regalos y por haber llegado al mundo a enseñarnos el amor.

 

@daniquinterot

 

Finca la Cuadra. Firavitoba, agosto 27 de 2013.