AMANECER EN EL CAMPO

En una vereda cerca al rio, se ve la casa de Antonio Trigos, un sencillo campesino que acostumbra levantarse a las cinco de la mañana, queda extasiado  contemplando esa nubes, que se combinan entre blancas, grises y rosadas que engalanan el paisaje. Percibe las gotas de agua colgantes en las cercas como si fueran un rosario de perlas, mientras una espesa niebla cubre los árboles y el pasto que le impiden observar su labranza y sus vacas  que debe buscar para el ordeño.

 

Más allá de su parcela se vislumbran las luces de los bombillos y el humo de la cocina en algunas de las casas, que dejan llegar el olor a café recién hervido, como testimonio que el hombre campesino es siempre es buen madrugador.

 

Se siente feliz al escuchar el bramar de los terneros, el canto de los gallos, el trino de los pájaros, el rebuzno de la burra que está aperada esperando la carga, el ladrido de los perros guardianes de la noche que se aglomeran en las barandas del corredor de la casa, esperando un pedazo de pan como saludo. Enseguida va al río por unas escaleras de cemento para supervisar el nivel del agua, la contempla turbia, tranquila, siguiendo su curso, Bruno el líder de las mascotas, desde el jarillón se lanza como experto nadador indicando que con ánimo se debe comenzar el día.

 

Doña Custodia su señora, ha ingresado a la cocina para aprender el fogón y hacer el tinto mañanero, que Toñito como ella le dice, tomará mezclado con una copa de aguardiente, ¡Porque al campo hay que ponerle el alma! Allí con su transistor colgado al cuello ha seguido el Santo Rosario, escuchado música carranguera y las noticias que para ella son las mismas del día de ayer que solo hablan de secuestro, diálogo de Paz interminables, el robo del presupuesto por los que administran la nación, paros permanentes de los trabajadores y el aumento de la gasolina, pero se lamenta porque la botellita de leche vale menos que un vaso de agua.

 

Ya las gallinas y pollitos están caminando por toda la casa, picoteando el suelo, buscando granos de maíz y trigo, luego irán al  nido a poner huevos, que al igual que la vaca lechera son: buenas contribuyentes, todos los días hacen su aporte a la economía familiar.

 

Las hojas de los árboles se ven más verdes y las flores de múltiples colores, abren sus pétalos para perfumar el ambiente; el naranjo que está detrás de la casa, recibe las mirlas, los toches y copetones para comenzar el concierto matutino.

 

Cuando el reloj, colgado en la pared de la sala, señala las seis de la mañana, en las emisoras se escucha el Himno Nacional. “Afirmando que son Colombianos y es tiempo de iniciar el trabajo para continuar construyendo la Patria”.

 

A pesar de que el sol no ha levantado, Don Antonio ya está desayunando con lo que recoge en la parcela, luego se levanta de la mesa, bendice a sus hijos que se alistan para ir a la escuela, dialoga algunos momentos con su esposa y se retira deseándole buenos días.

 

@daniquinterot

 

Finca La Cuadra. Firavitoba, 28 de agosto de 2013