EL BARQUITO DE PAPEL

 

A la orilla del rio Orinoco, en el Puerto de la ciudad, vivía Marcelino Buenahora, un pescador barquero que todos los días salía muy temprano de su casa para conseguir la comida diaria.

 

Su hijo Robinson, lo acompañaba de vez en cuando, en las épocas que no tenía clases. Desde ya parecía imitar la profesión de su padre; mientras sus compañeros jugaban con las canicas, los trompos y la golosa, él silenciosamente fabricaba con las hojas del cuaderno de tareas mal calificadas, unos barquitos de papel, para ponerlos a navegar en el tanque de agua de la escuela, en los charcos de la calle o en el lavamanos de su casa; parecía un niño solitario y los compañeros lo llamaban el navegante.

 

Al terminar los estudios de primaria No tuvo dinero para continuar la secundaria, así que resuelve acompañar a su padre en la tarea de la pesca, adquiriendo gran pericia en sus años mozos.

 

Por ese tiempo, el Ministerio de Educación Nacional, ambientaba la Filosofía de la Formación del Nuevo Maestro, que respondiera a las necesidades regionales y fuera un orientador; para ello se convocó una reunión  a la Comunidad, para trasmitir la información y recibir sugerencias, al término de la sesión, Robinson se le acerca al coordinador para solicitarle ayuda en la consecución de un empleo ya que pensaba que si venía de  la Capital, tendría poder para ello.

 

El diálogo se centró en orientarlo para que aprovechara las habilidades que tenía y montara un negocio que lo convirtiera en un hombre útil a la sociedad, sin tener que pensar en el tradicional empleo oficial.

 

Sucedió que Robinson y su Padre, atendiendo las sugerencias del funcionario construyeron una casa flotante con  figura de barco,  la enclavaron cerca al muelle y le dieron el nombre de “Restaurante La Fragata”, donde los turistas y visitantes llegaban a disfrutar un buen almuerzo con los peces que ellos mismos sacaban con la caña de pescar.

 

El día que el Coordinador de la Reforma Normalista volvió al puerto, tuvo la sorpresa de encontrarse con Robinson que lo invita a su negocio. Según él, era el mejor Restaurante del mundo: Por su sencillez, originalidad y por el hermoso paraje donde se contemplan las aguas turbulentas del Rio, las pericias de los barqueros al amarrar sus lanchas, el vuelo de las gaviotas aterrizando en las copas de los árboles, la brisa refrescante del río para suavizar el intenso calor del ambiente y las inmensas palmeras que adornan el entorno sofocadas por el sol del medio día. Allí la comida no tenía sabor a pescado, sino el encanto de sabor a Paraíso, así los hacían saber los turistas que escribían sus impresiones en el libro de registro de visitantes. Al despedirse el funcionario, pensó que allí faltaba algo, resolvió que lo  traería en su próxima visita para inmortalizar a Robinson  en su trabajo.

 

A su regreso al Puerto, lo primero que hizo fue localizarlo para entregarle su regalo: “Lo toma en sus manos, rasga su envoltura, fue tan grande su sorpresa, que la alegría se transformó en fuerte abrazo, se agarro del funcionario como cuando un pulpo de mar abraza a su víctima y sus lágrimas eran tan intensas como las fuertes aguas del río; la escena se asemejaba al rito del Bautismo de un Cristiano.

 

En el momento de llegar los comensales para el almuerzo, se sorprenden al observar a Róbinson luciendo en su corpulenta estatura un pantalón blanco, sus sandalias de siempre, camisa blanca manga corta, con charreteras azules y rayas doradas en las hombreras y en el bolsillo izquierdo grabado en hilos de oro su nombre y apellido, también su cabeza estaba cubierta por un  quepis blanco con visera negra, adornado en la parte frontal con el escudo de Colombia, rodeado de lazos dorados; los clientes que lo observaban, lo aplaudieron y lo vitoreaban con  la frase  ¡Viva el Capitán!

 

Robinson aprovecha un instante de silencio para dirigirse a los presentes diciendo: “Me siento muy feliz, porque el barquito de papel de los juegos infantiles y la experiencia de mi padre como pescador,  han hecho de mi sueño una realidad, ejerzo con dignidad una ocupación, estoy acompañado con la tripulación de comensales y ahora soy Capitán de mi Fragata”

 

@daniquinterot

 

A orillas del río Chiquito Finca la Cuadra Firavitoba.

 

Agosto 15 de 2013