MOMENTOS DE LLUVIA

 

 

Eran las tres de la mañana y en La Cabecera del Llano, comenzaba una intensa lluvia que interrumpió mi sueño, se escuchaba el golpeteo contra los vidrio de las ventanas en casas y edificios, observé la figura de largas Agujas Cristalinas, iluminadas por las bombillas de la ciudad. En las calles se sentía el murmullo de las aguas que avanzaban como un rio, parece la ciudad dormida, por allí, No pasaba ni una mosca. Recordé el Llano del Tabacal en uno de esos días lluviosos… El pueblo se entristecía y sus habitantes se arrullaban para solazarse con la música de la lluvia, ¡Ah tiempos de mi niñez!, jugábamos a pisotear los charcos y hacer saltar el agua, echar los barcos de papel para que navegaran hasta ese mar inmenso de los sueños infantiles.

Escuchar llover es un momento muy romántico, afloran tiernos recuerdos de protección maternal, ella extendía los brazos a los pequeños hijos para darles el calor que el frío de la lluvia pretendía robarles o de inmediato nos trasladamos a la cocina campesina que al calor del  fogón servíamos una taza de café caliente. Añoramos la chimenea de la finca para compartir con familiares y amigos una copa de vino que  estimula la tertulia, donde se habla de los divino y de lo humano. También se presta para la relajación, porque el fenómeno natural y sus elementos atmosféricos, estimulan el pensamiento, alertan la creatividad, inducen al descanso y al sueño. Disfrutemos de esos sonidos producidos por la lluvia, son regalos de la naturaleza;  si ella no existiera, tendríamos que producirlos artificialmente. 

La lluvia es dinero que viene del cielo dicen los campesinos, en segundos la tierra estará mojada sin gastar gasolina para un riego artificial, las plantas se reaniman, la tierra se refresca, las flores se levantan erguidas, los pájaros demuestran su alegría con trinos de alabanza al Dios del universo. Es anhelada especialmente en los campos que requieren el agua lluvia para el crecimiento de los cultivos. Es impertinente para el hombre de la cultura de concreto, porque dificulta el desplazamiento, se atrasan los quehaceres y el paraguas no sirve para espantar la lluvia.

Las horas avanzan, se levanta el olor a la tierra mojada el transeúnte comenta que las montañas están empiyamadas por la espesa niebla, hasta que el sol caliente a los habitantes y logren desperezarse para continuar la vida.

Eso es ver llover y como dicen los abuelos: “Que siga lloviendo, nada pasa porque estamos en casa de teja”.

 @daniquinterot

 

Bucaramanga, agosto 3 de 2013.